El Libro de los Muertos: qué es y para qué servía

El Libro de los Muertos: qué es y para qué servía

El nombre «Libro de los Muertos» suena a novela de terror, pero la realidad egipcia era bastante distinta: se trataba de una colección de hechizos, oraciones e instrucciones prácticas pensada para ayudar al difunto a superar los peligros del más allá y alcanzar una vida eterna y feliz. Podríamos describirlo, sin exagerar demasiado, como una mezcla de manual de instrucciones y amuleto de protección en forma de texto.

Escena del Papiro de Hunefer, Libro de los Muertos
El pesaje del corazón, una de las escenas más representadas del Libro de los Muertos, en el papiro del escriba Hunefer.

No era un único libro, sino una colección flexible

A diferencia de lo que su nombre sugiere, no existía una versión única y cerrada del Libro de los Muertos. Era, en realidad, una recopilación de alrededor de 200 hechizos independientes («Capítulos»), de los que cada familia o escriba seleccionaba los que podía permitirse copiar en un papiro personalizado para el difunto, según su presupuesto y sus creencias particulares. Los faraones y las familias más ricas podían incluir decenas de hechizos ilustrados con escenas detalladas; las familias más modestas se conformaban con una versión reducida con solo los fragmentos considerados imprescindibles.

El nombre egipcio original, «Rw nw prt m hrw», se traduce como «Fórmulas para salir al día», una descripción mucho más precisa de su propósito real: permitir que el alma del difunto pudiera moverse libremente entre el mundo de los muertos y el de los vivos, disfrutando de la luz del sol.

La escena más famosa: el pesaje del corazón

Si hay una imagen que resume el Libro de los Muertos es la del «pesaje del corazón» o psicostasia, representada en incontables papiros, entre ellos el famoso papiro del escriba Hunefer, que se conserva en el Museo Británico. En esta escena, el dios Anubis coloca el corazón del difunto en un lado de una balanza y la pluma de la diosa Maat, símbolo de la verdad y el orden cósmico, en el otro.

Si el corazón pesaba lo mismo que la pluma (es decir, si la persona había vivido con rectitud, sin cargar con demasiados actos negativos), el difunto era declarado «justo de voz» y se le permitía continuar hacia los Campos de Ialu, una versión egipcia del paraíso donde la vida cotidiana continuaba en abundancia eterna. Si el corazón pesaba más, era devorado al instante por Ammit, una criatura híbrida con cabeza de cocodrilo, cuerpo de leopardo y patas de hipopótamo, lo que provocaba la temida «segunda muerte»: la desaparición total y definitiva del alma.

La confesión negativa: 42 formas de decir «no lo hice»

Antes de llegar a la balanza, el difunto debía recitar la llamada «confesión negativa» ante un tribunal de 42 dioses o jueces, declarando que no había cometido una larga lista de faltas: no había robado, no había mentido, no había hecho sufrir a nadie, no había contaminado el agua del Nilo, no había sido cruel con los animales… Curiosamente, funcionaba casi como una lista de buenas prácticas sociales de la época, y nos da hoy una pista fascinante sobre qué comportamientos consideraban moralmente reprobables los antiguos egipcios.

Hechizos muy prácticos para problemas muy concretos

Más allá del gran juicio final, el Libro de los Muertos incluía hechizos para resolver problemas mucho más específicos del viaje al más allá: fórmulas para no tener que trabajar en los campos de labranza del reino de Osiris (sustituyendo el esfuerzo por pequeñas estatuillas llamadas «ushebtis» que trabajaban en su lugar), hechizos para poder transformarse en distintos animales o formas divinas, fórmulas para recuperar la capacidad de respirar, hablar o moverse, e incluso conjuros para evitar tener que «caminar cabeza abajo» o comer excrementos en el más allá, un temor recurrente en la mentalidad funeraria egipcia.

Del sarcófago al papiro

Estos textos no nacieron con el Libro de los Muertos del Reino Nuevo, sino que evolucionaron durante más de mil años a partir de los llamados «Textos de las Pirámides», grabados en las paredes de las tumbas reales del Reino Antiguo, y después los «Textos de los Sarcófagos», usados por la nobleza durante el Reino Medio. Con el tiempo, estos conjuros se democratizaron y trasladaron a papiros más accesibles, permitiendo que personas de clase media pudieran también permitirse su propia versión personalizada, aunque los faraones seguían teniendo acceso a las versiones más completas y lujosamente ilustradas.

Ver estos textos con otros ojos

Cuando visitas un museo egipcio y ves un papiro cubierto de jeroglíficos y pequeñas figuras, es fácil pasarlo por alto como simple decoración antigua. Pero cada escena suele responder a un propósito muy concreto dentro de este sistema de creencias sobre la vida después de la muerte. En nuestras rutas explicamos estos textos frente a piezas originales, para que cobren sentido más allá de lo puramente estético. Consulta las excursiones disponibles en excursiones a tu medida.