Durante casi 1.400 años, nadie en el mundo pudo leer los jeroglíficos egipcios. El conocimiento para descifrarlos se había perdido casi por completo... hasta 1799.
Un hallazgo por casualidad
Ese año, soldados franceses que fortificaban una posición cerca de la ciudad de Rashid (Rosetta), en el delta del Nilo, encontraron una losa de granodiorita con un mismo texto escrito en tres escrituras: jeroglíficos egipcios, escritura demótica y griego antiguo.
Como los eruditos de la época sí podían leer griego, la piedra se convirtió en la clave perfecta para comparar los tres textos y, poco a poco, empezar a descifrar el significado de los jeroglíficos.

Champollion y el desciframiento
Fue el francés Jean-François Champollion quien, en 1822, logró finalmente descifrar por completo el sistema jeroglífico, tras años de estudio comparando la Piedra de Rosetta con otros textos egipcios.
La piedra original se conserva en el Museo Británico de Londres, pero su historia empezó aquí, en el delta egipcio — y te la cuento con gusto cuando visitamos juntos los templos donde estos mismos jeroglíficos siguen tallados en la piedra.